La casa de los abuelos está llena de aromas de mazapanes recién amasados, que manos amorosas moldean formando figurillas de conejos, ardillas y corderos, todas primorosamente ordenadas sobre mesas de madera cubiertas con manteles blancos, bordados con canastas rojas y flores amarillas junto a corbatines verdes.La casa de los abuelos está hecha con frutas maduras, donde un fuego lento y reposado las va transformando en almíbares y amasijos que esparcen aromas penetrantes, desatando nuestra imaginación y nuestra alegría. Para disfrutarlos, mi hermanito y yo somos expertos degustadores. Sólo nos basta con empinarnos y respingar las narices para saber si los hay de membrillo con espesa y tibia miel de caña y adobo de vainilla; o de higos chumbos marinados en salsa de manzana. ¡Y el mejor de todos!, aquél que se mezcla batiendo harina, panela, y canela, todo ello salpicado con corteza rallada de naranjas pintonas. Este es el secreto mejor guardado por la abuela, y que con orgullo nos lo sirve en platos lustrosos,acompañado de buñuelos calientitos, cada dieciséis de diciembre al comienzo de la Novena de Navidad.
En las noches, la casa de los abuelos se transforma en fiesta de chispas de bengalas, cuyas estrellitas ruedan por entre los cristales, los brazos pulidos de los candelabros de plata y se ocultan entre viejos rincones; o se pegan en la cara reluciente de los espejos. ¡Ah!, me olvidaba: en la casa hay velitas para los cumpleaños! En mi torta cuento ya con siete; y apenas cuatro para la de mi hermanito.
Los cuartos de la casa cuentan con variados muebles de gruesas maderas, que forman recovecos para improvisar un buen juego de escondite o una colosal batalla de almohadas que se disparan cual proyectiles desde castillos almenados con toda clase de cojines, sábanas y cobijas; y que se construyen apresuradamente para evitar las protestas del servicio.
--"¡Cuenta, niños, sin hacer daños!"--, nos conmina la abuela interrumpiendo su labor de aguja.
Y en coro contestamos: ¡que, bueno! ¡que, está bien! Porque en casa de los abuelos hay infinidad de tesoros por guardar y proteger, con nombres extraños, difíciles de retener: El Quijote, representado en madera y porcelana; y la Natividad Inca con La Maestrina, esta última en homenaje a la profesión de la abuela; o la Niña de los Gansos junto a la Balanza de la Justicia en bronce patinado, pieza muy apreciada por el abuelo; y muchos otros más que no recordamos, pero que el abuelo ama y recita sus nombres de memoria. Todos muy limpiecitos y seleccionados sobre consolas de mármoles jaspeados, repisas y columnas doradas,junto a vitrinas repletas de libros gordos de todos los colores.
De los altos muros cuelgan cuadros de colores vivos y fotografías antíguas. Hay uno muy grande, al término de la escalera principal, donde aparecen los padres de la abuelita, que vienen siendo otros abuelos nuestros. ¡Yo no entiendo nada de ello!. Sólo sé, que aquel abuelo es muy serio, y debió de ser severo con los niños. Tiene bigotes grandes y nos mira fijamente cuando pasamos. En cambio, la abuela, que está junto a él, de piel muy blanca, vistiendo traje azul, tuvo que ser muy chévere. Allí mismo, frente al gran sofá mullido, hay una fotografía en la que aparecemos todos los miembros de la familia --mis tres tíos con sus esposas, nuestros padres y nuestros abuelitos--. Se nos ha explicado que es un trabajo importante, porque perpetúa la memoria de la gente de antes, los pioneros, que fundaron nuestras bellas ciudades y de donde proviene la abuelita. Nosotros hemos entendido su valor e hicimos pose para quedar serios y orgullosos. Aquél día, mi hermano y yo, nos portamos super bien;--"con responsabilidad"--según palabras de felicitación del abuelo, quien organizó el grupo,y nos invito a almorzar en un lugar lleno de prados verdes, árboles altísimos y jardines adornados con flores de diversos colores.
Pero de todos los cuadros de la casa, nuestro preferido es la "Niña de la Flor", que según mi abuelo (que todo lo sabe), es la mismísima abuelita cuando tenía doce años. Para mí que hay allí confusión, cosa de revolturas. ¡Claro!, en aquellos alborotos y desordenes de las personas grandes, alguien se equivocó y tomó para el cuadro de la abuela al ángel de la guarda, lo recortó y lo pegó al lienzo. Yo pienso que los ángeles deben de ser muy bellos, si todos son como el de la abuelita.
Nuestros padres son muy jóvenes. Mi madre nos ha enseñado que todas las noches, antes de acostarnos, después del cepillado de los dientes, debemos rezarle fervorosamente a nuestro Angel de la Guarda y pedirle que nos proteja. Nuestro padre,es muy chistoso, participa y acolita nuestros juegos. Ambos trabajan muy duro para ganar dinero y satisfacer nuestros gastos, necesidades y comprar nuestras cosas.
Mi hermano y yo amamos mucho a nuestros padres, porque nos educan bien y cuidan de nosotros cuando estamos enfermos. ¡Me casaré con mi madre cuando yo sea grande! Pero este deseo no debe saberlo mi hermanito, pues es muy celoso y de pronto le da por el mismo antojo y me gano mi buen puñetazo.
Una vez le pregunté a mi madre: ¿qué es morir?. Ella me respondió: "¡Irse muy lejos!". No supe qué contestarle, pero me puse a llorar porque no quiero que ninguno de ellos se marche lejos. Quiero tenerlos cerca, para que nos vean crecer y demostrarles nuestro inmenso amor.
En la casa de los abuelos hay, también, música muy linda, melodías que nos gustan, que marcamos con saltos y los brazos abiertos, pero que aún no comprendemos. Que brota de violines, trompas, chelos, pianos y timbales, instrumentos que nos hace aprender de memoria el abuelo. Y que nos premia generosamente si acertamos con sus nombres y sonidos. Siempre gano esos torneos musicales. Un día sentí mucha ternura y deseos de besar a mi hermanito cuando, después de mi triunfo, se acerco y me dijo: "¡Por favor, hermanito! no me ganes tanto..."
Sabemos que toda aquella música es el fruto del trabajo de personas famosas, que al decir de nuestros abuelos, "¡viven entre nosotros!". El caso es que no he entendido cómo. Sobre esto, una vez le pregunté a mi hermano y me contestó: "es posible; ellos entran en las noches por las ventanas, cuando nosotros estamos ya acostados y dormidos..."
La casa de los abuelos está hecha sobre la presencia de fantasmas buenos con ecos de ternuras; que viven tras cada mueble, cada libro, cada escultura; y se confunden con las imágenes de las grandes pinturas y las viejas fotografías que conforman parte destacada de la historia de la familia. Paternales cuidan de nuestro sueño, espantan los temores infantiles y nos permiten un despertar alegre y seguro para el otro día.
Por eso mi hermanito y yo les decimos a nuestros padres: ¡llévanos hoy a la casa de los abuelos!

1 comentario:
Este es el cuento mas hermoso que mas me ha tocado el corazon..
Sigue escribiendo Armando!!! Tus escritos nos llegan al alma...
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